Ens trobem amb la narració acurada de la història d'un home que acaba de morir.
I com resulta previsible, tot comença amb l'enterrament:
Alrededor de la tumba, en el
ruinoso cementerio, estaban algunos de sus antiguos colegas publicitarios de
Nueva York, que recordaron su energía y su originalidad y le dijeron a su hija
Nancy, que trabajar con él había sido un gran placer.
(...)
La última en acercarse al ataúd
fue la enfermera privada. (…) La ceremonia había terminado. No había habido
nada memorable.
En cuestión de minutos todos
se habían marchado, con paso cansino y lágrimas en los ojos se habían alejado
de la actividad menos predilecta de nuestra especie, y él se quedó allí.
Si repassem la seva vida, potser hi trobarem quelcom d'extraordinari o potser serà una més, amb els daltabaixos de qualsevol vida comú:
De niño le habían extirpado
las amígdalas en el hospital, pero por lo demás nunca había vuelto allí. Ahora
iba a permanecer ingresado cuatro días y cuatro noches.
I en llegir-ho, he tractat de recordar quin havia estat "el primer mort de la meva vida" i val a dir que malgrat n'hi va haver més d'una defunció al meu voltant, mai no havia vist un difunt fins que va morir la meva mare. I va ser aleshores, que de manera inconscient vaig negar tossudament la realitat del cadàver que tenia al davant, mentre m'entossudia a repetir que la veia i sentia respirar. Però aquesta seria una altra història:
El primer muerto de su vida
fue aquel cadáver hinchado, el segundo el muchacho de la cama vecina.
Coneixem l'evolució de la malaltia final del nostre protagonista:
El malestar comenzó unos días
después de su regreso a casa, tras un mes de vacaciones tan dichoso como no
había disfrutado desde que la familia veraneara en la costa de Jersey antes de
la guerra.
(...)
La siguiente vez que vio al
cirujano fue en el quirófano. Se había cambiado el esmoquin por una bata
quirúrgica.
(...)
Cuando volvió a casa estaba
tan débil que apenas pudo subir el corto tramo de escaleras hasta el piso.
Bé, tot plegat, va ser una experiència lamentable, però la recuperació malgrat que lenta va ser positiva i, gairebé, tot ha quedat oblidat.
Fins que, un dia el cor comença a donar senyals d'un funcionament anormal:
Transcurrieron veintidós años.
Veintidós años de excelente salud y una ilimitada confianza en sí mismo que
genera sentirse en buena forma…
(...)
Le parecía absurdo acabar como
candidato a someterse a cirugía cardiaca. (…) Sin embargo, no pudo terminar el
primer largo sin desviarse a un lado de la piscina y sujetarse allí, falto por
completo de respiración.
(...)
La operación se prolongó
durante siete horas.
Tot transcorre de manera gairebé previsible i l'autor ens ho relata pràcticament fil per randa, per, com altres cops, jo em permeto fer un salt, fins a l'any següent i assistim a l'inexorable deteriorament del protagonista:
Un año después de la inserción
del “stent” renal, le operaron para eliminar otra obstrucción importante, esta
vez en la arteria carótida izquierda.
(...)
Thomas Jefferson, aún era solo
sexagenario cuando su salud empezó a resentirse y su cuerpo parecía
constantemente amenazado.
(...)
Un año después de que le
hubieran operado de la arteria carótida le hicieron un angiograma en el que el
médico descubrió que había sufrido un ataque cardíaco silencioso. (…) Como
siempre, a fin de mantener la mente ocupada en otra cosa, recordó la tienda de
su padre y los nombres de las nueve marcas de relojes de pulsera y las siete de
otros tipos de relojes.
(...)
Al año siguiente de los tres
“stents” volvió a la mesa de operaciones, inconsciente durante un breve tiempo mientras
le insertaban de manera permanente un desfibrilador.
I em detinc per donar-li veu, perquè les seves reflexions vers el dolor m'han semblat del tot encertades:
El dolor hace que sientas
miedo de ti misma. La completa otredad de todo ello es algo espantoso.
I és aleshores que comença a planificar el futur, que ja intueix que probablement serà curt, però ha decidit aprofitar-lo:
Pero ahora vendería el
apartamento y trataría de encontrar uno en Nueva York.
(...)
Se había divorciado tres veces
(…) A partir de entonces debería arreglárselas siempre solo.
(...)
Normalmente su deliberada
independencia constituía su mayor fortaleza.
(...)
Durante el mes anterior, él
había estado entre los deudos de dos entierros en dos cementerios distintos
(...)
Un miércoles, a primera hora
de la mañana, ingresó en el hospital para someterse a la operación de la carótida
derecha.
… no se
despertó. Paro cardíaco.
Ya no
existía, liberado de ser,
entrando en
la nada sin saberlo siquiera.
Tal como
había temido desde el principio.
Elegía
Philip Roth
Traducción de Jordi
Fibla




