dimarts, 10 de febrer del 2026

Beltenebros

Unas veces huían sin saber de quién
Y otras esperaban sin saber a quién.
Cervantes, Don Quijote, II,LXI


El Catllaràs


Ens situem a Madrid, en els temps foscos del franquisme i els protagonistes, marginals, podríem trobar-los entre els perdedors de la guerra, i possiblement molt més:
Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había avisto nunca. 
Alfredo Sánchez, Andrade, Roldán Andrade, ése había sido su nombre en los últimos años y con él moriría.
(...)
Yo era nadie, un muerto prematuro que todavía no sabe lo que es, una sobra que cruzaba ciudades y ocupaba en los hoteles habitaciones desiertas, leyendo, cuando se desvelaba, las instrucciones a seguir en el caso de un incendio. 

No és el primer cop que rep un encàrrec d'aquestes característiques::
Muchos años atrás yo había ido a España para ejecutar a un traidor.

Res ha canviat, quan es tracta d'executar a un suposat traïdor:
Me dieron su foto y un sobre cerrado que contenía el pasaporte que él estaba esperando para poder huir y un fajo de extraños billetes españoles. Ése era el cebo, el pasaporte y el dinero que él había pedido.
(...)
Yo fingía la ira con el mismo celo con que sabía imitar la serenidad o la decencia, con la pericia en el detalle de quien falsifica un documento secundario, una firma, para obtener con mezquindad una ganancia irelevante.
(...)
Cuando ellos me llamaban, yo me iba y regresaba sin explicación y algunas veces sin aviso, inventando mentiras razonables.

Poca cosa necessita l'enviat, acostuma a seguir les indicacions, (ordres potser?) a ulls clucs:
Se obstinaban en seguir usando periódicos como contraseña, a pesar de que no había manera más incierta de suscitar el reconocimiento.
(...)
Esta vez yo no quería dilaciones ni treguas, sólo llegar allí y hacer no necesario y volver a mi casa en el primer avión y no acordarme de nada ni regresar nunca.
(...)
Dejaría la pistola en el mismo lugar donde la había encontrado. (…) Unos pasos muy lentos ascendían por la escalera de caracol.

I a partir d'aquest punt, l'autor en ofereix una descripció detallada, gairebé segon a segon, de tota l'acció: 
Yo no veía nada y lo escuchaba todo, hasta los movimientos de las manos.
(...)
Cuando se quedó solo no encendió la linterna. (…) Para no desvanecerme apreté los párpados hasta que me dolieron las cuencas de los ojos.
(...)
Al salir llevaba la pistola en la mano, pero no había nadie en las proximidades del almacén, ni en las calles de tapias bajas y pequeñas acacias por las que volví a la estación.

I com si d'un mal son es tractés, una trobada inesperada, un somni? Perquè, no pot ser possible!:
De repente la ciudad era otra, más dilatada y silenciosa. 
(...)
Era imposible que no hubiera cambiado, pero era más imposible todavía que ella, la Rebeca Osorio que yo conocí, estuviera cantando vestida de Rita Hayworth en un club nocturno, transfigurada y fugitiva de sí misma, moviendo con un frío impudor las caderas al ritmo suave y creciente de un bongó.
(...)
Cuando entré en el camerino la muchacha se había vuelto rápidamente hacia mí, pero no era yo quien ella esperaba. (…) Seguía siendo casi idéntica a Rebeca Osorio, pero ya no era ella, sino un borrador inexacto.

Podeu comptar que la trama continua, i es recargola i s'embolica, però m'avanço al final:
 Ella, la falsa Rebeca Osorio, era más joven y también más débil que la otra y estaba hecha misteriosamente de deseo y espanto.
(...)
Olvidé su cara y su nombre, pero me costó años de insomnio no seguir viendo en todas partes los ojos de Rebeca Osorio.
(...)
Dejó el bolso y el chal encima de la cama con la determinación de quien se dispone a cumplir una tarea breve y enojosa y siguió mirándome con los brazos cruzados. Ahora no la deseaba. La tenía al alcance de mi mano y era como una figura sin volumen, aparecida en un espejo. 

L'encàrrec s'ha de complir, sense importar sentiments ni recances. Malgrat la fonamentada sospita que haurà d'acabar amb la vida d'un innocent.
I és que la missió té un principi i un final i caldrà resoldre-ho sense dubtar:
Beltenebros. Así había elegido llamarse el traidor de Madrid. (…) Incluso cuando le disparé a la cara supe que seguía siendo uno de los míos.
(...)
Los efectos del amor o de la ternura son fugaces, pero los del error, los de un solo error, no se acaban nunca.

Tot plegat, un xic massa intricat i repetitiu, això sí, amb unes descripcions meticuloses i acurades que a voltes et deixen gairebé sense respiració. Una història en què a tots plegats els hem de considerar perdedors no ja, que també, de la guerra, sinó de les seves vides posteriors:
No me siguieron cuando salí del bar.
(...)
Imaginé el aeropuerto como un lugar muy lejano, con altos ventanales iluminados.
(...)
Di unos pasos y tuve miedo de perder el conocimiento. (…) Tardé en moverme. Me había herido un tobillo. 



El Catllaràs

Yo nunca he vivido en el mismo mundo que tu 
porque sólo puedo ver con claridad cuando vosotros estáis ciegos. 
Yo oigo lo que vosotros no podéis oír 
y sé lo que ignoráis. 

 

 

Beltenebros
Antonio Muñoz Molina
253 páginas

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